• Max Emiliano Negrete González

Charrería, cis-tema y heteronormatividad. Breves reflexiones.

Hablar de charrería en México es comúnmente un sinónimo de hablar de ideales de mexicanidad, valentía, coraje, tradición, familia y una constante reiteración de pensamientos católicos occidentales que tienden a esconder todo tipo de críticas que se le pudieran hacer a esta tradición, pues aún son muy pocos los espacios en los que se aceptan o, mínimo, se dialogan estos temas entre charrxs en el país, por diversas razones.


En este blog, pretendo realizar una explicación etnográfica sobre la práctica charra en México (de forma general) para luego dar unas breves reflexiones en torno a la cis-heteronormatividad existente en el ámbito de la charrería como parte de una serie de cuestionamientos que yo mismo me hago como miembro de una familia cuya tradición desde hace al menos dos generaciones es este deporte.


Cabe mencionar que aún hay muchas críticas que pudieran surgir como el clasismo, el elitismo, el antropocentrismo, el especismo, el machismo y la misoginia cada una por su lado o bien de forma conjunta; sin embargo, me limitaré en esta ocasión a trabajar el tema del cis-tema y el heteropatriarcado existente en la actualidad desde una perspectiva antropológica estudiantil y desde la diversidad como miembro de la comunidad LGBTTIQA.



¿Qué es la charrería?


Para quienes no se encuentren familiarizadxs con el tema de la charrería, empezaré por mencionar que esta es un conjunto de prácticas o actividades ecuestres, que tienden a relacionarse con el control y manejo de equinxs, bovinxs, así como diversas formas de atrapar a estos animales con una soga conocida como reata, o bien demostrar el dominio de ambos en su jineteo (montar a animales no domadxs). Actualmente, además de ser este conjunto de actividades, es considerado como el deporte nacional mexicano y en el año 2016 fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.


Me sería sumamente difícil aumentar las descripciones del tema, pues su explicación como deporte y tradición ha llevado a varixs autorxs a escribir libros enteros del tema, pero a quienes quieran conocer más, basta con una breve búsqueda en internet o en libros disponibles en la página de la Federación Mexicana de Charrería. Por lo anterior, me limitaré a mencionar que además de ser un deporte, un conjunto de actividades ecuestres y de doma animal, tiene de por medio una serie de conductas, ritos, acciones, roles y grupos que forman engranajes para formar un sistema social completo (quizás está muy a discusión esta última idea) que solo explicaré en los temas que competen a esta entrada de blog.


Cis-tema y heteronormatividad.


El origen de la charrería nos remonta al siglo XVIII aproximadamente según registros históricos sobre los chinacos (un jinete sumamente parecido y similar en vestimenta al charro), mismo que surge a partir de las labores de ganadería en las llanuras y montes del territorio del actual Estado de Hidalgo, con esto podemos tener una breve noción de lo que significa el contexto histórico y social de aquel entonces, y con esto me refiero a un espacio de colonialismo, catolicismo y racismo que si bien tiende a tener particularidades o diferencias con respecto a los conceptos teóricos actuales en sí, no dejan de presentarse registros que muestran acciones que bien encajarían en estas ideas.


La charrería surge desde el seno de una completa colonialidad y relaciones de poder de forma horizontal bastante importante, que en este momento no detallaré. Lo más relevante es pensar en que esta práctica fue meramente varonil, y que tras el paso de los años (inclusive siglos), se mantuvo así, aunque dando espacios menores en la práctica ecuestre a las mujeres, quienes al estar inmersas en una sociedad heteropatriarcal basada en el pensamiento occidental católico, comúnmente limitaban su participación en actividades ecuestres o de ganadería (obviamente no se debe generalizar esto porque sí hay y hubieron excepciones vastas de mujeres en estos ámbitos).


Al aparecer esta práctica dentro de los espacios colonizados, jerarquizados y cristianizados, la cis-heteronormatividad se conformó como la base principal de división de labores en la charrería, pero también de la limitación de todo tipo de diversidad sexo-genérica, pues los valores cristianos y la sociedad occidental no aceptarían otras formas de existencia que no sean cisgénero o heterosexuales por la idea de lo natural o lo correcto en la vida humana y que para nada se cuestionaba, simplemente por desagradar al sistema heteropatriarcal.


La charrería no solo se fundó en la ganadería a campo abierto, sino que también en la religión católica conservadora, en la cis-heteronormatividad y, por ende, en el machismo, ocasionando una fuerte división de labores según el género masculino o femenino (cis) y sin la posibilidad siquiera de dialogar en torno a las sexualidades no hetero. Es claro que para hacer estas afirmaciones se debe de contar comúnmente con registros y evidencias, pero como parte de una familia en la que me han compartido relatos de generaciones atrás, además de que en mi experiencia con otros charrxs, sucede algo similar, no me cabe duda que esto sucede así desde hace una larga data de más de 5 generaciones al menos. Basta con que el lector cheque de manera detallada los libros de historia de la charrería para notar que inmediatamente se muestran valores muy ligados al catolicismo y su concepción de la familia para relacionar estos temas.


Para tratar de no dar más vueltas al asunto, si nos enfocamos en el presente de la charrería, en pleno siglo XXI, la agrupación más importante de este ahora deporte nacional, presenta una recurrencia a invitar no solo a los eventos deportivos que organiza, sino que también invita a peregrinaciones y eventos de corte religioso católico mostrando que este ámbito de la vida humana es parte de un mismo engranaje, del cual parten muchas de las ideas sobre lo que es o implica ser un charro es decir, el caso de los hombres cisgénero; o una charra, en el caso de las mujeres cisgénero.


Otro punto muy importante a destacar del cis-tema que integra la charrería es una notoriedad enorme al orden patrilineal de las familias, estas giran en torno al hombre cisgénero más grande dentro de una familia, pues este debe cumplir con los cánones que su religión y sociedad le imponen, por un lado ser una especie de jerarca en su familia dando orden de forma horizontal al resto de los integrantes de su círculo familiar, pero también en una clara objetivación del cuerpo de la mujer cisgénero, pues debe dispone de ella más como un objeto de belleza que de relación familiar. Para esto, el lector puede buscar e investigar en torno a las reinas de las asociaciones o de la Federación Mexicana de Charrería (FMCh) y analizar el discurso que hay en torno a estas, de igual forma más al frente detallaré un poco más.


Otro punto del cual debo hablar sobre el cis-tema charro es que es prácticamente nulo el apoyo oficial o público de miembrxs disidentxs tanto en sexualidad como en género, pues al parecer, no dar paso a la norma significa una grave violación al nomos sociocultural y la rigurosidad de la estructura charra tiende a minimizar estas diversidades a tal grado de recriminarlas y tacharlas de una falta de respeto o ataque hacia la tradición, hacia los valores o hasta a sus antepasados, básicamente utilizando un papel de víctima de traición por parte del miembrx diversx para justificar su rechazo, su negación a la apertura, su violencia en general.


¿Por qué digo y propongo tales premisas anteriores? Permítanme darles ejemplos según sea el caso; esto como parte de una reflexión en mi experiencia, en mis vivencias y en los espacios comunes que he tenido con otrxs charrxs, algunas veces en las que dialogué, otras en las que solo me limité a escuchar y oir, porque como parte de una tradición tan cerrada, cis-heteronormada y violenta, las jerarquías deben respetarse a menos que estés dispuesto a ser violentado por no permitir la desigualdad que admite la charrería.


Vestimenta


Partiendo de que la charrería es parte de un cis-tema, ya podremos imaginar que la diferencia en la vestimenta es la típica que diferencia lo masculino de lo femenino mediante prendas (pantalón vs. falda), colores (oscuros y opacos vs. brillantes y o claros), permisividad en el uso de accesorios o no, entre otras cosas.


Si bien, la vestimenta charra tiende a ser más funcional en el caso de los hombres, el uso del pantalón es básico y único para el hombre, este no podrá jamás usar una falda porque esta corresponde a la mujer, pero por el contrario, la mujer sí puede usar un pantalón si así lo decide, pues en el discurso utilizado actualmente por la FMCh, se intenta llevar igualdad a la charrería permitiendo la entrada de actividades anteriormente limitadas a hombres, pero casi nunca mencionando si los hombres pueden entrar en agrupaciones como la escaramuza (grupo de charras que realizan series y movimientos sincronizados a caballo para mostrar su dominio en el animal pero con una intención más cercana a la búsqueda estética que de mostrar fuerza [caso de las suertes charras varoniles]).


Con el párrafo anterior quiero decir que en la vestimenta se busca determinar el rol de género social y explicarlo a la sociedad; además, hay una premisa importante (al menos en la mayoría de los casos, pero aunque no quisiera generalizar, no conozco casos que me hagan mostrar algo diferente) y es que las mujeres se pueden masculinizar mediante la vestimenta, pueden demostrar su fuerza, pero el hombre no se puede feminizar en lo absoluto ni en su vestimenta ni mostrar su búsqueda de estética participando en actividades meramente femeninas (escaramuza). Con las premisas anteriores no pretendo decir que al masculinizarse las mujeres cisgénero, estas no sufran de violencia alguna, pues el cambio del orden y roles que exigen las sociedades charras responderán siempre de manera violenta ya sea simbólica, verbal o inclusive físicamente.


Algunos dirán que hay excepciones en los que niños (concebidos socialmente como hombres cis-género) participan en escaramuzas en ocasiones, pero esto funge como parte de los permisos otorgados por la falta del pase de la infancia a la adultez que normalmente son realizados con ritos de iniciación en charreadas correspondientes a los cumpleaños de los infantes varones que dependiendo de la costumbre de la familia, a cierta edad comienzan a practicar suertes charras para demostrar su fuerza, su hombría y valores similares para diferenciarle de la mujer y adentrarle a su rol definitivo e incuestionable por el cis-tema (familia, amistades y sociedad en general).


En la vestimenta se define un rol, un trabajo, un fin. Son parte de las bases que impiden la realización de actividades por igual, y que en sí, encajonan a lxs sujetxs en posiciones inamovibles mientras se encuentren dentro del espacio familiar/social correspondiente a la charrería, la religión o la familia misma.


Belleza


El caso de la belleza es específico. La belleza es concebida como una idealización que buscan meramente las mujeres, a ellas les corresponde, a tal grado de que las asociaciones actuales busquen reinas que les representen en desfiles, tendiendo a su objetivación, pues las reinas fungen únicamente en actos meramente simbólicos, como entregas de premios, inauguraciones, clausuras y no directamente en las charreadas o inclusive ni en la escaramuza, lo que muestra el uso de las reinas como un objeto de decoración, se le quita la noción de individua, pues su función es simbólica, estética, no va más allá de tareas que bien podría realizar cualquiera dentro del sitio.


Las mujeres tienen permitido utilizar maquillaje, tener el cabello largo, pintarlo de colores (siempre y cuando no sean no naturales), además de usar pendientes y otros accesorios, pues forman parte de su vestimenta para lograr la belleza. En el caso de los hombres, no hay una búsqueda de belleza, al ser una actividad meramente de mujeres, toda posibilidad de cambio o irrupción en el canon de la no intervención del aspecto masculino es completamente negado. Nuevamente encontramos una imposibilidad del varón de feminizarse o buscar la belleza, pues este asunto no le corresponde según el género; será únicamente belleza natural la que deberá presumir y esta no responde directamente al aspecto físico, sino a la demostración de la fuerza en las suertes charras.


En ocasiones, se puede encontrar que también hay posibilidad de buscar la belleza del hombre, pero no por el hombre mismo, este lo haría únicamente para la atracción de las mujeres, limitándose a la actividad deportiva para mantener un canon de belleza no gordo ni flaco, que no intervenga mucho con cosméticos o tratamientos, si no que nuevamente, vaya en torno a su fuerza, su masculinidad, su virilidad y esto lo logra con la ropa, el casi nulo uso de accesorios, o perforaciones, pues además de que son prohibidas socialmente y por el reglamento charro (en charreadas por asuntos de seguridad), son un sinónimo de feminidad.

Conducta


Para las comunidades charras, acatar a los roles de género es sumamente importante, y para poderle dar sentido a la vestimenta y nociones de belleza, la conducta debe limitarse a la tradicional y conservadora visión binaria de género que le implica a sus miembros dividir tajantemente entre hombres y mujeres las labores, sentimientos y expresiones que pueden o no hacer; claro está que la relación con la perspectiva católica o eurocéntrica-occidental sobre el rol de género es base para esta idea sobre el deber ser.


En las mujeres se encuentra una idea cerrada sobre la necesidad de estas a ser sentimentales, delicadas, que correspondan en todo momento al hombre y sean su soporte, más allá de ser para ellas mismas, pareciera que son para el hombre, se dedican a ser bellas, a cuidar y estar al tanto de las necesidades del hombre, ya sea su pareja, su padre, su abuelo, hijo o hermano. Apenas en los últimos veinte años he podido notar una leve diferencia sobre esto, pues hay ligeras posibilidades de las mujeres en torno a actuar y ser para ellas mismas, en asuntos como educación, cuidado personal o amor, pero esto no implica una ruptura con la jerarquía heteropatriarcal que mantiene el hombre, sea quien sea.


Los hombres por su parte, deben tener una posición de control, dominio, demostración de fuerza en público, la valentía, la ira o la nula expresión de debilidad como parte de su actuar cotidiano. La única forma de demostrar debilidad es mediante la alcoholización, y es en el momento en que esta sucede cuando el hombre puede llorar, quejarse o mostrarse en vulnerabilidad, pues es la única forma de expresar lo que no permite el cis-tema, para así adjudicar todo sentimiento no permitido a un estado de ebriedad en el que se pueda excusar para no ser recriminado por sentir, actuar o pensar lo que siente, hace o piensa dentro de sí.


Las peleas, insultos, o acciones violentas son base para mantener la masculinidad, quien no lo realice estará siendo constantemente cuestionado o bien reprimido por la comunidad para reafirmar su posición en la jerarquía dentro de los hombres, a menos que evite esta violencia por respeto a la jerarquía (de edad o poder económico o familiar) para mantener su estatus en el espacio social.


Añadido a los apartados anteriores, hay que mencionar que las conductas en la charrería tienden a ser controladas, restringidas y limitadas a lo que dicta el nomos del cis-tema. Cualquier forma de cambio, independientemente del género que lo realice, es sancionado y debe ser reformado lo más pronto posible.


En cuanto a lo que no se puede realizar, como ejemplo, pondré algo muy básico; en el caso de los hombres, está la imposibilidad de mostrar miedo ante las suertes a realizar, ante los animales y las personas, pues mostraría debilidad y esto implicaría una falla para quien le enseña o introduce a la charrería, por lo que puede recurrirse a varias formas de control y represión del miedo desde la sociedad hacia el individuo, estas pueden ser:


- la humillación: "¡No seas puto!" es un ejemplo básico y típico de escuchar en prácticas de charrería, todo para herir un orgullo construido socialmente en torno a la idea de ser hombre, pues ser puto, ser marica y ser disidente es una ofensa, algo no deseable o posible de cargar con ello, pues tanto la heteronormatividad como la religión lo prohíben.

- la intimidación: Este punto consiste en amenazar o directamente violentar verbal o físicamente a los charros que no atienden a las indicaciones o que fallan en las prácticas o eventos que llegasen a pasar, y no se limitan a las prácticas meramente deportivas, sino que también son parte de la represión a cualquier comportamiento que corresponda a la transgresión del orden impuesto socialmente (como lo pueden ser infidelidades, difamación, entre otras acciones que directa o indirectamente tienen que ver con la masculinidad y la objetivación de la mujer).

- la exclusión: Esta forma de control es básica, quizás es la más fácil de encontrar pero también la más encubierta. Puede presentarse en dos formas, ya sea que un individuo esté dentro de la comunidad y se le expulse por no atender al nomos en torno a su rol de género; o bien, puede ser de exclusión total a quien no corresponda a esos roles, impidiendo la entrada del individuo ya sea explícitamente (normalmente no ocurre así), o bien con acciones que simbólicamente o con expresiones de violencia no física impidan la entrada del individuo.


En el caso de las mujeres, existen también las formas de control antes mencionadas, sin embargo, estas se tornan despectivas no solo por no acatar los roles de género correspondientes, sino que también se les puede atacar por mero deseo del hombre, que en sí puede expresarse por misoginia pura, integrada en el cis-tema por la objetivación de las mujeres, pues al ser objetos, se vuelven reemplazables, se les puede atacar para reformar o bien desechar si así se requiere, pues el hombre no tendrá problemas alrededor de sus familiares o amigos, pues la invalidación de la perspectiva femenina es necesaria para que se mantenga el orden patriarcal, cerrado y obstinado a compartir o dialogar en torno a los problemas de la mujer.


El machismo, la misoginia, la cis-heteronormatividad son clave para la conducta de cualquier integrante, en caso de cuestionarse, habrá una represión en alguna forma o en todas, validando toda violencia con tal de "respetar" sus valores, la tradición o el orden mismo. No hay posibilidades mayores para la diversidad.


Valores


Los valores que dan base a la conducta, ya los he mencionado a lo largo de todo el texto, estos van muy ligados al orden católico-cristiano, pues la familia, la valentía, el "respeto", y la tradición son solo algunos de los valores que fungen como punto de partida de muchas prácticas para su producción y reproducción social y cultural.


La familia es entendida como un orden jerárquico que debe mantenerse, preservarse y defender hasta que se crucen algunos limites que bien pueden ir con respecto a la transgresión de los ideales de familia, respeto o similares, o bien, por transgresión en asuntos materiales como la herencia y la propiedad privada.


Cabe recalcar que las familias deben ser idealmente monógamas cis-heterosexuales, la infidelidad masculina es permitida aún así y es inclusive resguardada entre varones para mantener el orden patriarcal, mientras que la infidelidad femenina es sumamente recriminada, reprimida y es causa de múltiples violencias que son legitimadas, solo en algunos casos, la infidelidad es permitida si es de parte de ambos integrantes de la pareja, pero esto no vuelve permisible a la poligamia, pues la sociedad exige formalidad (en la mayoría de los casos) y esto implica el casamiento ya sea por la iglesia o por registro civil.


La valentía hace referencia al valor de poder actuar en un entorno relacionado con lo bestial, pues debe de existir la dominancia a lxs equinxs y bovinxs, pues es una demostración de poder sumamente ligada a la masculinidad, pero es requerida para jinetes hombres y mujeres para poder entrar a la charrería en sí, pues deben de mostrar fuerza, velocidad, dominación y control de animales y otros humanos con las suertes charras en el caso de la práctica en sí, pero también con otras acciones como la represión de los actos que no respondan al cis-tema y sistema sociocultural que les corresponde.


Del respeto, se puede entender como el mantenimiento del orden patriarcal, cis-heteronormado, andro y adultocentrista, sin olvidar que no hay posibilidad de cuestionamiento a la jerarquía, ni tampoco son permitidos los cambios en aspectos que correspondan a roles de género, antiespecistas, entre otros, pero en el tema que nos corresponde, debe implicar la reproducción cuasi total de la verticalidad de la charrería y su entorno, salvo algunas excepciones en las que pueden entrar matriarcas, diversidad en relaciones afectivas, pero sin trascender más allá de la posibilidad de tener varias parejas en momentos diferentes pero en intervalos cortos.


La tradición como valor, yo la concibo en relación al discurso que he escuchado y visto en espacios de charrería, y habla sobre esta conexión del respeto a los antecesores, pues la tradición implica un deber ser que se obtiene al momento de nacer en la familia charra, y es parte de un ideal implícito, que solo cuando se ve afectado o poco cuidado, se vuelve explícito mencionando un discurso que enaltece a los antecesores que forjaron la tradición, recurriendo a ideas sobre la grandeza del pasado y recriminando a las nuevas generaciones para evitar que la tradición cambie o desaparezca mediante el reproche y la invalidación del pensar y actuar de quien no acate con este valor que implica la reproducción sociocultural de la charrería.


Parentesco


Anteriormente añadí puntos sobre las relaciones entre parejas, pero hay que volver a mencionar y recalcar que, en la charrería, el cis-hetero patriarcado es el punto de partida para el parentesco en familias charras. Las familias deben ser patrilineales, el patriarca impone el orden y puede ser infiel siempre y cuando no lo haga explícito (exceptuando algunos casos en los que la poligamia está permitida mientras no sea visible en espacios públicos ni religiosos). El patriarca se encarga de casi todas las actividades que impliquen asuntos públicos, comunitarios o de toma de decisiones, basta con ver las fotografías de la Federación Mexicana de Charrería para notar que la presidencia de asociaciones siempre es de hombres, y si bien las mujeres se encargan de las agrupaciones de escaramuzas, nada les impediría presidir la asociación, claro, nada más que el machismo y la misoginia.


La religión y la sociedad exige monogamia, pero la poligamia, como fenómeno social, existe y ha persistido de diversas formas, en algunos casos (incluyendo algunos escuchados en mi familia) se menciona que es posible que un hombre tenga varias parejas mujeres siempre y cuando les de los recursos para subsistir con sus respectivas familias, aunque no es siempre así. Los hijos deben corresponder a las órdenes de sus mayores y se debe atender a toda orden (o la mayoría de estas) que provenga de un mayor suyo hasta que se obtenga la mayoría de edad, pero esto no exime sus responsabilidades con los padres, especialmente cuando lleguen a viejxs.


Solo una vez en mi vida he podido saber de un caso de matrimonio no cis-heteronormado con un charro dentro de este, uno de los miles que siguen la norma represiva del cis-tema, y que además es invisibilizado o simplemente ignorado por asociaciones y la FMCh, que jamás ha mostrado interés en apoyar las diversidades de posibilidad de relaciones que no sean monógamas, o cis-hetero.


Música y baile


Otro de los puntos que es evidente que forma parte de la reproducción cultural de la charrería son la música y su baile, pues tanto la música de mariachi, los sones, jarabes, los corridos, las norteñas, o las cumbias tienden a tomar siempre letras en torno a relaciones cis-heteronormadas, que objetivan a la mujer y mencionan las represiones posibles a quienes se atrevan a no acatar el nomos. Los ejemplos son varios, que van desde el relato de muertes por infidelidades de mujeres hacia hombres, el uso de mujeres como trofeo por cada relación afectiva o sexual que se tenga, el uso de la feminidad y la homosexualidad como características que sirven para hacer referencia a lo que se desprecia y a lo que se debe de ser despectivo siempre.


No detallaré mucho, pero basta con hacer un Análisis (Crítico) del Discurso para encontrar la cantidad de calamidades que se escuchan y cantan diariamente, fungiendo como un reproductor cultural y parte de un proceso de endoculturación para quienes apenas van entrando en los espacios relacionados a la charrería o tuvieron la (no tan buena suerte) de existir en una familia charra.


Represión a la diferencia


Una vez que mencioné el cómo se integran las comunidades charras (y en algunos casos las relacionadas con estas, como las que se autodenominan vaqueras o con gusto por el ambiente ecuestre) debo recordar que hay una total represión a la diferencia, pues esta es básica para distanciarse y formar la identidad colectiva que distingue a las comunidades no charras de las que sí lo son, pues ser charro al implicar los valores y actitudes mencionadas antes, se crea un imaginario que debe ser mantenido para la validación dentro de la sociedad en que se desenvuelve, pues comúnmente es sinónimo de estatus social, económico y cultural.


Con algunos hechos como la proclamación de la charrería como Patrimonio de la Humanidad, estas comunidades han reforzado el sentido de identidad queriendo prolongarlo, extenderlo pero limitando el acceso por diversos asuntos que no solo inciden en el cis-tema heteronormado, sino que también implican asuntos de política, clasismo, elitismo, entre otros. Pero en el asunto que nos compete en esta ocasión, hablaré un poco de la represión a la diferencia sexo-genérica y de sexualidad.


Este complejo cis-tema no pretende admitir la diversidad LGBTTIQA aún con el intento de los integrantes más (pseudo) progresistas que pueden encontrarse en los espacios charros, pues dicen ser respetuosos, pero siempre y cuando estas diversidades les respeten, lo que evidentemente lleva a un juego de palabras y falacias que indican que esto es imposible por la estructura social tan arraigada sobre la que se sostiene la charrería y cada uno de sus engranajes.


Cuando se crean rupturas o cuestionamientos a la norma social, la respuesta siempre será la represión, la invalidación y la exclusión en diversos grados. A mí me ha tocado saber de casos en los que el conocimiento de una relación homosexual entre mujeres costó un problema de violencia familiar interno que terminó por la represión e invisibilización total de estas diversidades en las relaciones para evitar futuros problemas similares. En mi caso, toda mi vida he escuchado de las generaciones pasadas la necesidad de tener hijos para poder ser y hacer algo por la familia (después de aprender la tradición, pues eso es básico para el sentido de identidad familiar), y por lo tanto la repetición constante de encontrar una pareja en una relación monógama heterosexual que pronto se convierta en un matrimonio ante la iglesia católica para poder demostrarla hombría o el valor ante la familia y los antepasados aunque estos estén muertos ya.


No es casualidad que la homo-bi-transfobia, las posiciones provida, los ideales antiderechos estén presentes constantemente en el cotidiano de las comunidades charras, pues estas quieren mantener el control con la excusa de hacer valer su religión y por lo tanto su supuesta salvación católica (en algunos casos), o bien simplemente porque de romper los esquemas de jerarquía y verticalidad sobre las que se mantienen, se perdería su estatus que permite la desigualdad y el entramado en el que han vivido los hombres cisgénero de privilegio y control se vería afectado, sufriendo una pérdida importante de agencia al tener que atender a la igualdad y horizontalidad, mismas que son su mayor temor.


Las represión está como parte de una forma mayor de violencia estructural hacia las diversidades no solo de sexualidad o de género, sino de clase, de etnia, de especia, entre otras. Es en sí la forma de mantenerse ejerciendo el poder con la finalidad única de no entrar en una entropía que existe y posiblemente se conoce ya si se diese paso a la libertad e igualdad entre lxs diversxs y la mayoría cis-heteronormada.


Minimización de la violencia de género


Otro punto que forma parte del control cis-hetero patriarcal, es la minimización del problema de la violencia de género (acoso, violación, hostigamiento, feminicidios, crímenes de odio, etcétera), es notoria y presentada desde el machismo y la misoginia total que va desde la invalidación femenina hasta la invisibilización total de los hechos de violencia que llegasen a ocurrir.


En la charrería no hay como tal individuos meramente intelectuales que se dediquen a atacar las críticas hacia la violencia de género , sin embargo hay algunos eruditos que por su jerarquía patriarcal y adultocéntrica, son validados por la comunidad solo por la posición que adquiere con las desigualdades que esta misma implica; asimismo, casos de famosos o deportistas charrOs de renombre a nivel nacional, también son validados para atacar y revictimizar a quienes padecemos estas violencias cotidianamente.


La minimización de estas violencias son requeridas para mantener no solo el control simbólico, sino también el político y económico que se tienen en las altas esferas de la charrería, pues el elitismo de esta tradición también involucra asuntos estatales, comunitarios o públicos que impiden la entrada de actores que busquen cambiar estas desigualdades de género que van en asuntos mayores como el colonialismo, el machismo, el capitalismo y el especismo.


Conclusiones


Con todos los datos y premisas expuestas anteriormente, no pretendo sino dar una breve explicación autoetnográfica de lo que he podido ver, vivir, conocer y leer en torno a la charrería. Las reflexiones que hago y las premisas que pretenden explicar parte del cis-tema que rige a esta tradición sí son parte de mi formación antropológica y debo de reconocer que para poder llegar a esto, las lecturas de autorxs como Rita Segato, Saúl Gutiérrez Lozano, Foucault, Bourdieu, Arturo Escobar, entre otros, me fueron básicos para conectar ideas, pero también no quisiera dejar pasar ideas propias que surgen no a partir de conceptos estrictos y academicistas, sino como parte de mi reflexión diaria como miembro de una familia charra. Lamento no realizar una citación exacta de autores y conceptos, pero esto limitaría bastante mi tiempo y ganas de escribir en un momento tan coyuntural y específico como el mes del orgullo en 2021.


Añadiendo a la explicación anterior, debo mencionar que todo lo escrito es desde mi perspectiva como estudiante de Antropología, miembro de una familia charra con al menos dos generaciones de antigüedad en la tradición, como hombre cisgénero bisexual en una relación homosexual y en una familia y pueblo con un ambiente católico conservador y purista, aún a pesar de ser pueblo originario de la Ciudad de México. Quizás sea muy específico mi contexto, pero también sé que este no es único y que posiblemente comparta mucho con quienes aún no abren el debate por el temor a la represión que implican estas críticas no solo a la charrería, sino al cis-tema en sí.


No pretendo victimizarme ni victimizar a nadie de las diversidades que pertenecen a la charrería, pues todes tenemos voz y hemos luchado desde diversas maneras en distintos momentos, por lo que este texto no pretende ser una carta de ayuda, sino de comunicado de la constante violencia que se vive pero invisibiliza, minimiza y se toma como un asunto menor cuando habemos más de uno que queremos e intentamos hacer el cambio para la igualdad, la horizontalidad y la apertura a las diversidades en espacios tan cerrados que a veces son necesarios o cambiar radicalmente o por lo menos, hacerles reconocer sus faltas, crímenes y ataques a la diferencia, a la diversidad solo por mantener una jerarquía tan pútrida como lo es el machismo, la misoginia, la homo-bi-transfobia y el purismo o la naturalización desde el pensamiento católico-occidental.


Es menester de todes comenzar a criticar, cuestionar estos órdenes dentro de la charrería, desde afuera se conocen lo suficiente los problemas como el machismo y el especismo, pero desde adentro aún falta visibilizar y comenzar a luchar por un cambio o bien, la desaparición total de prácticas que sin la desigualdad, no podrían funcionar. Quizás sean ideales también, quizás también se romantice la lucha, pero es momento de reconocer que la charrería tiene graves problemas que se transforman en problemas no solo comunitarios sino nacionales y mundiales, pues las prácticas se reproducen y se desean con tal de humillar a otres, de invisibilizarles o excluirles con ridículos supuestos de querer ser respetados cuando los charros son normalmente los primeros en violentar a las diversidades, a las mujeres o a quienes sean diferentes a ellos, todo por una posición de poder y privilegio que no pretenden perder ni compartir.


Para quienes piensen que por encontrar fotos de personas vestidas de charrx o adelitas incidía directamente en la charrería, debo recordar que en muchas ocasiones, quienes logran compartir estas fotos en pro de las diversidades sexogenéricas, son realizadas por conjuntos de bailes folclóricos o de mariachis que de alguna forma, no están totalmente inmersos ni son lo mismo a la charrería, pues solo forman una parte de la expresión cultural charra, e insisto, la represión del cis-tema es tal que no he conocido casos de personas que no hayan sido violentadas por su sexualidad o su género viniendo de un espacio, comunidad o familia charra.


No es casualidad también que para mi (mala) suerte, haya tenido que encontrarme a una campeona nacional de cala de caballo (una suerte charra) que representa a una asociación en Xochimilco y en la Federación Machista de Charrería en una candidatura del Partido Encuentro Social, con ideales antiderechos, que criminalizan a la mujer, que prohiben el amor y que minimizan problemas estructurales desde su burbuja de elitismo y privilegio; gracias a lxs votantxs de este 6 de junio en el Distrito 25 de la alcaldía de Xochimilco, no ganó la diputación por la que iba, pero eso no implica que haya una intensa relación entre el pensamiento católico/cristiano conservador, el cis-tema, el patriarcado y la heteronormatividad como base de estos espacios charros que inclusive fueron apoyados desde algunas agrupaciones ecuestres en este caso específico.


Hay mucho que discutir, mucho que cambiar y una larga lucha que dar si es que buscamos que la desigualdad de género, sexo y por cualquier diversidad al fin desaparezca. Por lo anterior, espero que este texto sirva al menos para la difusión de los cuestionamientos mínimos que debemos hacerle a la charrería, a ese supuesto orgullo nacional e identitario del que se cuelga tanto el nacionalismo, el Estado Mexicano y los grupos conservadores. Que este cambio sea por y para todxs.




Nota final: Es muy posible que este texto llegue a individuos cuya posición inicial sea básicamente invalidar todo lo escrito sin siquiera reflexionarlo, por lo que desde un inicio comentaré que en ningún momento escatimaré en responder a posiciones antiderechos, conservadoras o que comience a atacar las diversidades; el pensamiento crítico será aún si a lxs boomers cis-heteronormados no les parece.


Las fotografías son de sus respectivxs autorxs, el uso que se les da en este blog es meramente de reflexión, crítica y difusión social con interés antropológico.

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